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lunes, 2 de abril de 2012

¿Que esperabas?

Hay tormenta. Tormenta debajo de este techo. Y esta vez, truenos vientos y agua no se los come nadie salvo tú. Tú solito, muchacho.
¿Qué esperabas?
Sabías perfectamente que te metías en las fauces del lobo cuando decidiste coger tu lanza y cabalgar. Una vez más galopas contra la fuerza del sol y los mares, por montaña, desierto y hielo.
¿Qué esperabas, eh?
Ni se te ocurra derramar una sola lágrima, hijo. Da de beber a tu caballo, y tira tu lanza rota con las demás. El tiempo decidirá, y si no lo hace, lo haré yo. Me conoces y sabes que lo hago por tu bien. Sabes que ésta no es la primera vez que levanto mi espada de acero por tí, y confío en que tampoco sea la última. Llámame instinto, o llámame experiencia.
Así que, joven muchacho, dile adiós a la dama de tu castigo de plomo, por que quizás jamás la vuelvas a ver.

Ponte en pié y vuelve a casa, por que esta noche además de los relámpagos, también cantará el acero.

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